Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío… El amor concede a los demás el poder para destruirte.
viernes, 28 de junio de 2013
Desde pequeñas nos enseñan que nuestro príncipe azul tiene que ser alto, rubio, de ojos azules o verdes, si puede ser adinerado, y que se comporte como todo un caballero. Pero de repente aparece alguien que no es alto, ni rubio, no tiene los ojos azules y no es rico. Y sobre todo no es un caballero porque se enfada por tonterías aunque después se disculpe, hace estupideces con tal de hacerte reír, y al final te das cuenta de que tú no quieres un príncipe azul, tu solo lo quieres a él.
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