Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío… El amor concede a los demás el poder para destruirte.
domingo, 15 de agosto de 2010
No hay NADA repartido más equitativamente en el mundo que la razón, todo el mundo está Convencido de tener suficiente.