Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío… El amor concede a los demás el poder para destruirte.
martes, 3 de julio de 2012
Hacen falta cosquillas para serios, pensar despacio para andar deprisa, dar serenatas en los cementerios muriéndose de risa.