Había una cosa que sabía a ciencia cierta, lo sabía en el fondo del estómago y en el tuétano de los huesos, lo sabía de la cabeza a los pies, lo sabía en la hondura de mi pecho vacío… El amor concede a los demás el poder para destruirte.
lunes, 16 de julio de 2012
Y volveré a intentarlo como al principio, fingiendo la ilusión furtiva de los comienzos, con una esperanza postiza, aunque me arriesgue a seguir cometiendo los mismos errores una y otravez.